lunes, 2 de julio de 2018

La inevitable victoria de Andrés Manuel López Obrador. Presidente de México. 2018.

02/07/2018. Carlos Salas.

El triunfo de Andrés Manuel se ha convertido en una plena satisfacción democrática, rara vez vista en millones de mexicanos por todo el territorio nacional. Pero es importante entender la coyuntura sustancial que ha llevado a su éxito, y sus posibles consecuencias que son trascendentales para el desarrollo pleno del país.

Se vislumbraba desde hace ya unos cuantos años un desafecto político institucional importante por parte de los ciudadanos en toda la nación, esto con base en el aumento de inseguridad, corrupción e incertidumbre económica.

La raíz de ello se concentra en un hartazgo valorativo al sistema de partidos y al mismo Estado como tal, poniendo en duda su efectividad y capacidad de gobernanza accionaria.

#AMLO, en 18 años trabajo una política importante de acercamiento y reconocimiento social, que le dio gran simpatía en muchos estados de la república mexicana por parte de ciudadanos que buscaban una esperanza y satisfacción política diferente al régimen ya establecido.

Pero el aspecto más importante se construyó en esta última elección, donde se refugió por primera vez en el sistema, un sistema que había criticado y rechazado en las dos pasadas contiendas electorales. El sistema lo acepto como un agente más de la política mexicana, y acogió su retórica difuminada como un modelo de reconciliación e inclinación pasiva para la construcción de un sistema político apoyado por la tolerancia y la superación.

El acto no es en sí un pacto político, sino más bien, me atrevería a decir, es un proceso orquestado democratizador de transferencia del poder, obviamente de una manera totalmente pacífica e institucional. 

Paradójicamente, su triunfo permitirá la sustitución de un gobierno débil e ilegitimo, que funcionará como una válvula de escape y saneamiento político social.

Andrés, se convertirá en estos años, en la llave esencial para la recuperación de la legitimidad institucional del Estado Mexicano; se convertirá en la esperanza y confianza de millones de mexicanos en sus instituciones, en sus políticos, en su régimen, en su presidente.

La alternancia en el país será en los años consecuentes la bandera ideológica partidaria nacional, con la cual el sistema de partidos centralizará su legitimidad y su poder.

La reconstrucción de los partidos de oposición, será consecuencia de la polarización y fragmentación del enramado político social.

La incógnita que se vivirá de aquí en adelante sobre el primer presidente de izquierda en nuestro país, continuará cada día de su sexenio. Un partido joven como MORENA, se enfrentará a la creación y estructuración de un nuevo modelo económico neoliberal, que supere o fortalezca al ya existente.

Los frutos de una democracia justa y verdaderamente representativa, traerían consigo escenarios de progreso y purificación de la política mexicana en los siguientes sexenios.

Pero hay que tener presente que con una retórica elocuente, desplantes fugaces, y palabras bonitas, no se puede gobernar a un país. Los “mesías” existen en todo el mundo, pero pocos pueden sobrellevar en sus hombros tareas titánicas tan importantes como lo son los problemas de una nación entera.

No debemos bajar la guardia por que el candidato más popular de las masas ganó la elección, no debemos confiarnos que todo se solucionará mágicamente.

La construcción de una nación fuerte es trabajo de ciudadanos y gobierno en conjunto. Las instituciones son solo parte del engranado social, quienes mantienen su correcto y oportuno funcionamiento somos nosotros los ciudadanos con nuestras acciones y valoraciones.

Encaminémonos al país que todos deseamos, con trabajo, legalidad, lealtad, valores y perseverancia, porque no solo se trata de lo que vendrá a hacer Andrés en la presidencia, si no esto nos compete a todos, a cada uno de nosotros, porque todos somos México.

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